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CONSTRUYENDO CON CONFIANZA |
HISTORIA Y ESTILO DE UNA CÁRCEL MISTERIOSA
OBRAS NACIONALES
A simple vista su fachada muestra similitudes a la arquitectura colonial de la sierra, aunque sólo es la fachada. Aquel lugar que parece un colegio fiscal es la primera cárcel de Guayaquil, sitio que albergó a los peores delincuentes del país. Se ubica en las calles Julián Coronel y Baquerizo Moreno;  tiene 125 años y hace 50 dejó de ser usado.

Rocco Queirolo, arquitecto italiano, fue el responsable de la construcción, luego el venezolano Francisco Manrique reconstruyó la cárcel después del incendio de 1906 el cual quemó todo lo que contenía madera y él sería el experto en construcción con cemento. 

Según los historiadores y arquitectos expertos, la antigua “cana” es el primer lugar en que se usó mampostería, una obra única para la época con losa de cemento y cubierta de hormigón armado. El material fue importado de Génova – Italia, además incluyendo el cemento en barriles.

En la entrada se enmarca un acceso coronado con arco de medio punto ( es decir, parece una gran bóveda) ; la estructura tipo claustro tiene un patio central, al momento adornado por hojas, una galería perimetral y a su alrededor más de 40 celdas y calabozos. Lo interesante es que el arquitecto pensó en el diseño. Cada pilar tiene un acabado en su terminación más alta. Se utilizaron piedras para las paredes y bóvedas, mientras que ladrillos para los arcos y conclusión de la fachada. El piso es de cemento armado usando varillas de hierro.

En la planta alta se ubican más celdas y en los pasillos crearon unas barandas de concreto, como casi todo el edificio. Las barandas incluyen unas aberturas rectangulares que denotan un proyecto bien pensado a pesar de ser un lugar considerado el “infiernillo”. Para la época fue el ícono de modernización del puerto principal.

Mediante Acuerdo No. 2757 del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), el edificio fue declarado patrimonio de la ciudad. La fachada ha sido la única regenerada y contiene ventanas con barrotes de hierro y una gran puerta también a base de barrotes de hierro que comunican robustez y seguridad; las demás áreas ya deterioradas aún no tienen algún cambio. Son 2372 metros cuadrados en la calle de “Los Lamentos” por estar cerca del cementerio y hospital, este guarda un enigma y misterio entendido por los fusilamientos a los reos que quedaron impregnados en las paredes de la “cana”.

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“La arquitectura debe hablar de su tiempo y su lugar, y a la vez, anhelar la eternidad.”

Frank Gehry

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